Ningún otro malta de las Tierras
Altas se destila, madura y embotella en su propia destilería
como lo lleva haciendo Glenfiddich
durante cerca de 100 años. Este tradicional proceso, junto
con el uso de las aguas transparentes de un único manantial,
y una cuidada elaboración y selección de cebada hacen
de Glenfiddich un whisky
de malta de la más elevada calidad.
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Otra de las esencias de Glenfiddich
es la cuidada selección de su propia tonelería, llevada
a cabo por un equipo de artesanos en la materia que garantizan la
calidad de la madera y el mantenimiento periódico de los barriles,
realizados en maderas selectas según los requerimientos de
maduración de cada variedad.
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Desde sus comienzos en
1886 Glenfiddich ha apostado
por un equipo humano que marca un elevado canon de calidad, gracias
a los cuales sobrevive la tradición en el proceso de elaboración.
Estos artesanos cuidan y mantienen los tradicionales alambiques de
cobre que el fundador William Grant
compró en los inicios de su propia destilería, que otorgan
a Glenfiddich su genuino
carácter y forma.
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El espíritu
independiente que un día inició William
Grant sigue vigente en la idiosincrasia de la destilería,
lo que aporta mayor libertad empresarial para innovar, pero siempre
siendo fieles a la tradición y al trabajo artesano a lo largo
de todo el proceso de elaboración de Glenfiddich.
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