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Durante los primeros años de la guerra, el gobierno británico vio que la popularidad del whisky en el extranjero era una oportunidad de oro para aumentar sus reservas de divisas (sobre todo de dólares). Se presionó a los destiladores para que exportaran todo lo posible y cuando la Luftwaffe bombardeó Glasgow y Edimburgo en 1940, se destruyeron almacenes llenos de contenedores con los mejores whiskies escoceses. Estos almacenes emanaban un aroma tan embriagador que los ciudadanos de ambas poblaciones estuvieron mareados durante días.

Fue un barco lleno de whisky para la exportación, el que encalló en Hebrides en 1941, inspirando la novela y la película de Sir Compton Mackenzie “Whisky Galore”.

Tanta exportación provocó falta de whisky en Escocia, lo que junto a la escasez de carbón, amenazó la continuidad de la producción. Otra vez fue la familia Grant con su espíritu emprendedor la que ideó agregar más turba al combustible de los malteados, produciendo un whisky de sabor más suave y ahumado.