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A medida que las ventas aumentan a nivel local y mundial en la década de los años 50, la siempre innovadora familia Grant decidió diseñar una nueva botella para sus whiskies con la finalidad de distinguirlos de los de la competencia. Para este cambio eligieron al mejor diseñador del momento, Hans Schleger.

Querían una botella distinta, competitiva, de fácil embalaje y que cupiera en las estanterías de un bar.

El diseñador no solo consiguió un modelo muy atractivo, sino que la forma aparenta mayor tamaño y altura que las de sus rivales siendo muy funcional ya que la mano se cierra sobre una botella triangular, mientras que las botellas redondas abren la mano y debilitan el agarre.

Este modelo rompió moldes tanto en diseño como en marketing.